sábado, 18 de diciembre de 2010

OTRA OBRA DE LA COLEGIATA FELIZMENTE RESTAURADA: EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA


No sólo en Torrijos, sino en muchos lugares de nuestra geografía autonómica y nacional se conoce la extraordinaria labor que, desde hace más de una década, viene desarrollando la Asociación “Amigos de la Colegiata de Torrijos”, siempre al servicio de la investigación histórica, su divulgación a través de veintisiete libros y su revista “Cañada Real” y, sobre todo, la incansable, valiente y eficaz defensa del patrimonio histórico y artístico de la villa torrijeña.

Su colaboración, impulso y seguimiento de las obras de restauración de la Colegiata es, cuando menos, tan encomiable como impagable. Y su particular cruzada de recuperación patrimonial digna de los más encendidos elogios. Valga como ejemplo más reciente la del yacimiento arqueológico del desaparecido monasterio de Santa María de Jesús, en el barrio de Las Colonias.

Son muy numerosas las obras de restauración acometidas por este equipo de investigadores, siendo sufragadas por las ayudas institucionales – principalmente las del Excmo. Ayuntamiento de Torrijos –, la ayuda de numerosas firmas comerciales y la venta de publicaciones. Obras que van desde la Portada Occidental de la Colegiata y su posterior protección mediante un dispositivo electrónico ahuyentador de palomas, pasando por la restauración de valiosos cantorales, cuadros, el precioso reclinatorio de taracea del año pasado, y ahora el del retablo de San Juan Bautista, la obra más importante en su género tras la del impresionante retablo mayor, de Correa de Vivar.

Precisamente, para el mes de marzo de 2011 (D.m.), será presentada oficialmente esta última obra restaurada, en el marco de la segunda Exposición monográfica “Domus Dei II”, dedicada al V Centenario de la construcción de la Colegiata de Santísimo Sacramento.

La Asociación “Amigos de la Colegiata de Torrijos” agradece muy sinceramente el apoyo de sus colaboradores y desea a todos los torrijeños Feliz Navidad y un venturoso y esperanzador 2011.

lunes, 6 de diciembre de 2010

COMUNICADO DE NUESTRA ASOCIACIÓN SOBRE EL CAMINO DE SANTIAGO POR TORRIJOS


Torrijos, 5 de Diciembre de 2010

La Asociación de Amigos de la Colegiata de Torrijos, ante el comunicado y declaraciones publicadas por las asociaciones de amigos del Camino de Santiago en los medios de comunicación de Toledo, y en concreto en La Tribuna de Toledo el pasado día 2 de diciembre de 2010, quiere expresar su malestar por las informaciones que expresan como “inexactitud” el paso del Camino de Santiago denominado del Sureste por nuestra Villa, además de remarcar que “destacan que se fije el paso por Torrijos, sin estar avalado históricamente”.

Para aclarar este error y demostrar con documentos históricos el paso de peregrinos por Torrijos, exponemos a continuación una reseña histórica sobre este asunto:

D. Gutierre de Cárdenas, Comendador mayor de León, maestresala de la infanta Isabel, luego Reina Católica, y Contador mayor de la Reina Católica, tomó parte en las guerras de Portugal y en la del Reino de Granada, conquistó Baza, y por sus servicios a los Reyes Católicos cuyo casamiento negoció, obtuvo el señorío de las villas de Maqueda, Torrijos y Elche con la alcaidía de las fortalezas de la Mota, Carmona, Chinchilla, Sax y los alcázares de Almería.

En la cláusula 34 de su testamento encomienda a su esposa Dña. Teresa Enríquez la construcción de un hospital dejando pasa su dotación tierras en el Valle, Zarzuela, Aldehuela y Boanilla.

Poco tiempo después, solicita al Papa Alejandro VI la aprobación de su fundación, concediéndole éste “gracias, indulgencias e remisiones” para dicho hospital y la cofradía que iba a fundar.

El Señor de Torrijos redactó un pliego con algunas condiciones, órdenes y cláusulas para el gobierno del hospital y de la cofradía en el año 1502. Entre ellas encontramos la condición nº. 10 que dice:

“Y si alguna vez más de los dichos treinta y otros pobres viniesen sean acogidos en el dicho hospital por un día que se enmiende una noche porque podrá venir algún tiempo de jubileo de Santiago o romerías de Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Toledo que sean acogidos como dicho es”

Tras la conclusión de la obra, alrededor de 1515, y para comenzar a funcionar, Dña. Teresa manda redactar unos estatutos y ordenanzas para la cofradía de la Santísima Trinidad, encargada de su mantenimiento, basada en el pliego que había escrito su marido.

Años después, en las Relaciones Topográficas de Felipe II referentes a Torrijos (1576), cuando se alude a dicho Hospital de la Santísima Trinidad se dice expresamente que “en él dan de comer a todos los peregrinos que pasan”.

Además, en los libros sacramentales de difuntos de la Parroquia de San Gil se encuentran multitud de entierros de “peregrinos, viandantes y pobres pasageros” que pasaban de camino tanto de Toledo, Guadalupe o Santiago, realizados por la Cofradía de la Santa Caridad en el “pradillo”, lugar acostumbrado para los enterramientos de los más pobres.

Como se puede observar, tenemos multitud de documentos históricos que acreditan el paso de peregrinos por Torrijos hacia Santiago de Compostela, avalando por tanto el trazado propuesto por la Diputación de Toledo en relación con nuestra Villa y desacreditando las afirmaciones publicadas en la prensa, bien por desconocimiento de quienes las realizan, bien por utilizar fuentes históricas “foráneas” a nuestra zona.

Desde nuestra Asociación no podemos posicionarnos en cuanto al trazado correcto que se debería señalizar, dilucidar qué camino fue más transitado por los peregrinos en otros tiempos, si bien, aseguramos que Torrijos se encuentra en el Camino como queda demostrado. Pensamos que en el trazado propuesto se deberían señalizar “todas” las bifurcaciones sin que ello reste importancia a los “otros caminos” que puedan existir por la Provincia de Toledo para visitar la tumba del Santo.


Asociación de Amigos de la Colegiata de Torrijos

domingo, 24 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN DE LA REVISTA ESPECIAL "CAÑADA REAL" EXPOSICIÓN DOMUS DEI

El próximo viernes 29 de Octubre, a las 8 de la tarde en el Auditorio del Palacio de Pedro I de Torrijos, tendrá lugar la presentación del número especial de la Revista Cañada Real dedicado a la exposición "Domus Dei". Esta exposición tuvo lugar a comienzos de este año 2010 para conmemorar el 5º Centenario del comienzo de las obras de construcción de la Colegiata de Torrijos.

Después de la presentación de la Revista, y como cierre al Festival de Cine Histórico de Torrijos, se proyectará la película "Duelo de Pasiones", un film español grabado en 1955 entre Torrijos, Rielves y Barcience, por el director Javier Setó, y con actores tan conocidos en la época como Silvia Morgan, Peter Damon, el archiconocido Manolo Gómez Bur y un jovencísimo Arturo Fernández.

La recaudación de la venta de la Revista se destinará a la restauración del retablo de San Juan Bautista de la Colegiata, muy avanzado.

jueves, 30 de septiembre de 2010

PEREGRINACIÓN CAMINO DE GUADALUPE



CAMINOS A GUADALUPE
3 de OCTUBRE de 2010
“DIA DEL PEREGRINO”

RUTA 3 DEL CAMINO REAL DE MADRID A GUADALUPE
8,00 h. Salida en Autobús desde el Instituto de Fuensalida hacia Casarrubios. El autobús parará a recoger peregrinos en Camarena (plaza del Ayuntamiento) y en Las Ventas (plaza del Ayuntamiento)
8,30 h. Llegada a Casarrubios del Monte. Se servirá un desayuno a los peregrinos.
9,00 h. Salida hacia Las Ventas de Retamosa.
10,30 h. Llegada a las Ventas de Retamosa. Se repartirán bocadillos, frutos secos y agua.
11,00 h. Salida hacia Camarena.
12,30 h. Llegada a Camarena. Se servirán bocadillos y agua.
13,00 h. Salida hacia Fuensalida
15,00 h. llegada a Fuensalida donde se recibirá a los peregrinos en el Parque de Nuestra Señora de la Soledad, donde realizaremos una comida campera con todos los peregrinos y acompañantes.

INSCRIPCIONES: en Fuensalida en la sede de la Asociación de Vecinos Villa de Fuensalida (Avd. Cristo del Amparo, 18) y en los respectivos Ayuntamientos por donde transcurre la ruta.
Actividad organizada por la Asociación Comarcal Castillos del Medio Tajo, con la colaboración de los Excmos. Ayuntamientos de Casarrubios del Monte, Las Ventas de Retamosa, Camarena y Fuensalida y de la A.V. Villa de Fuensalida.

Se puede participar andando, en bicicleta o en moto.

ITINERARIO: de Casarrubios del Monte a Fuensalida, pasando por las localidades de Las Ventas de Retamosa y Camarena. (27,2 kms. de recorrido)

domingo, 19 de septiembre de 2010

RESTAURACIÓN DEL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA


Ya han comenzado los trabajos de restauración del precioso retablo de San Juan Bautista, en la Colegiata del Santísimo Sacramento, obra atribuída a Luís de Velasco y su hijo, Cristobal, realizada en los años finales de la década de los 80 del siglo XVI.



Su primitivo lugar de ubicación fue la capilla que la Cofradía de San Juan Bautista tenía en la Parroquia de San Gil de Torrijos, desmantelada y derruída a mediados del siglo XIX.

martes, 24 de agosto de 2010

SAN GIL ABAD, PATRÓN DE TORRIJOS


Santo patrón de Torrijos y titular de su parroquia, San Gil ha sido desde sus inicios la referencia devocional de la Villa.

Desconocemos la fecha de dicha devoción, pero si atendemos a la fundación de la parroquia podríamos encontrarnos ante una de las más antiguas de Torrijos.

Pero conozcamos un poquito mejor la vida de este santo:

San Gil nació en Atenas en el año 640. De pequeño se ejercitó en obras virtuosas y santas, especialmente en la limosna ya que todo su patrimonio lo repartió entre los más pobres. Su fama de milagrero se extendió por toda Grecia y él, temiendo ser honrado y tenido por santo, se adentró en el mar para llegar hasta Francia. Allí fue a la ciudad de Arlés, donde obró muchos milagros, cruzó el río Ródano y cerca de su ribera conoció a un ermitaño llamado Veredemio, a cuyo hermano curó San Gil.

Pronto marchó a las montañas, y se refugió en una cueva junto a un manantial.

Fue aquí donde se produce el conocido milagro de la cervatilla, que pasamos a exponer:

“Vivía el santo tan favorecido de Dios, que su providencia le destinó una cierva y, por espacio de tres años, todos los días y a ciertas horas, iba obediente a la cueva a suministrarle leche.

Un día, pues, en que los criados del Rey salieron a cazar, encontraron la cierva sus ligerísimos lebreles y, poniéndose a seguirla, le iban ya a los alcances. Mas ella, bien que fatigada, esforzó los últimos alientos hasta llegar a guarecerse a los pies del santo, como quien, desconfiada de sí, solicitaba su favor en tan evidente peligro. Hizo Gil oración, suplicando a Dios que pues aquella inocente cervatilla había sido instrumento de sus prodigios, si bien él por sus pecados merecía el castigo de su justa indignación, se dignase de alargar la vida a la que mejor que él la había empleado en servicio suyo.

Oyó el Señor tan humildes y tiernos ruegos, y si bien los lebreles tenían a su vista la anhelada presa, no se atrevieron a dar un paso más; antes bien, dando grandes y temerosos ladridos, volvieron espantados hacia donde estaban sus amos.
Mas Dios, que iba ordenando que Gil saliese de aquella cueva, dispuso que el Rey, que de aquello tuvo noticia, fuese el día siguiente al mismo paraje con muchos más cazadores y muy valientes lebreles, y como amedrentados éstos tampoco osasen acercarse a aquella gran espesura donde estaba oculta la cueva, uno de aquellos cazadores flechó su arco, disparó la saeta desatinadamente y por casualidad hirió al santo.

Allí vieron puesto de rodillas y casi inmóvil a un monje venerable, que por sus muchos años, penitente rostro y austero hábito, infundía en sus ánimos un profundo respeto. Corría sangre copiosa de la reciente herida, y la cierva, nada amedrentada con la novedad de los huéspedes, gozaba segura de un inviolable asilo a los pies del santo.

Entonces Gil habló en esta sustancia: "Esta saeta que en mí veis clavada, si bien ha salido de alguno de vuestros arcos, ha tenido soberano impulso que con suave y poderosa mano ha querido sujetarme a sí. La culpa, señores, es toda mía, o de las mías nace. Dios pues os encamine, y dejadme llorar, no por el dolor de la herida, sino por el poco sentimiento de mis pasados delitos."

Proferidas estas palabras con un semblante severo y ánimo arrepentido, recibió muchas disculpas y satisfacciones, que confusos y compadecidos todos le dieron; y singularmente el Rey que, luego al punto, mandó que le curasen.

Deseó informarse el Rey más llenamente de aquel monje; y declarándole ante su Real persona, le preguntó quién era. A tal precepto quedó Gil pálido: por una parte la obediencia le violentaba y por otra, la humildad le retraía. Pero finalmente se descubrió Egidio.

Quedó atónito el Rey contemplando con atención reverente aquel alto espíritu que, desestimando el heredado esplendor de sus mayores, le encubría en un ropón grosero, huyendo de la celebridad de su fama. Ofreció a Gil exquisitos dones, riquezas sumas y dignidades espléndidas, pero muy en vano, porque únicamente consiguió el Rey que diese otro piadoso destino al empleo de la limosna que le ofrecía: levantar un pequeño monasterio para rogar a Dios por su bien y por la felicidad de todo su reino.

Así se ejecutó, consagrándose aquel dichoso sitio de la cueva, que por haberla habitado Gil pudiera ya ser respetada como templo, y a instancia del Rey, y contra la propia voluntad, admitió el santo el gobierno de aquel monasterio”.

miércoles, 14 de julio de 2010

LOS MÁRTIRES DE TAZACORTE: EL BEATO PÉREZ DE GODOY


Francisco Pérez de Godoy y del Campo nació en Torrijos el 19 de Febrero de 1550, en el número 15 de la Calle de los Molinos. Era hijo de Juan Pérez de Godoy y Catalina del Campo.

En Torrijos, estudió primero en el Colegio de Clerizones de la Colegiata del Corpus Christi y después en el Estudio de Gramática y Retórica del monasterio franciscano de Santa María de Jesús. Desde allí a Salamanca para que prosiguiera sus estudios de Derecho. Como bachiller en Cánones, pasó al Colegio de los Padres Jesuitas de Medina del Campo, donde completó sus conocimientos de Derecho Canónico. También “sabía música y tocar arpa y otros instrumentos”. Fue en unos Ejercicios Espirituales donde Dios le tocó el corazón para dejar el mundo y hacerse jesuita. Tuvo muchas dificultades, entre ellas la de la cortarse el bigote, que cuidaba con orgullo. Sin embargo, la llamada de Dios fue más fuerte que el goce del mundo.

Comenzó el noviciado de la Compañía en 1572, bajo la influencia del venerable P. Baltasar Álvarez, confesor de su prima Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús, del que fue su director espiritual. Éste, muy pronto, lo apreció por su rara virtud: el fervor religioso y el espíritu de sacrificio que poseía.

En una ocasión en que el P. Baltasar le ofreció una cosa por el lado izquierdo, se dio cuenta que Francisco tuvo que girar la cabeza para verlo, descubriendo que no veía por el ojo izquierdo. Fue preguntado si era así, a lo que confesó ser verdad y que había encubierto el defecto, temeroso de no ser admitido en la Compañía y no poder ordenarse sacerdote, ya que por ese lado se leía el Canon de la Misa.

Mientras decidían qué hacer con él, llegó a Medina del Campo el P. Ignacio de Acevedo, provincial del Brasil, con la intención de reclutar misioneros. Allí conoció al torrijeño donde se ofreció para ir a Brasil con otros cuatro religiosos. Su astucia y sus dotes de músico (tocaba muy bien el arpa) le valieron para seguir siendo jesuita y poner una nota de alegría a su alrededor.

Continuaron su viaje hasta Portugal para visitar Évora, Coimbra y Braga. En todas estas ciudades iba inscribiendo voluntarios.

El día 3 de Mayo de 1570, festividad de la Santa Cruz, concentró en Val del Rosal a los 77 misioneros, y el día 2 de Junio escribió una carta, ya en el galeón Santiago, al General de la Compañía de Jesús desde Belem.

D. Luís de Vasconçelos y Meneses había sido nombrado gobernador del Brasil, y se dispuso a zarpar hacia allí en una flota compuesta por siete navíos. En tres de esos barcos se habían situado los misioneros jesuitas, llegando a mediados de Junio de 1570 al puerto de Funchal, en Madeira.

Poco tiempo antes había salido de La Rochela, en el sur de Francia, el hugonote francés Jacques Souris, al mando de sus navíos, ansiosos de encontrar algún botín. Al llegar al puerto de la isla portuguesa fue rechazado por la artillería del castillo de San Lorenzo y los cañones de las naves de D. Luís Vasconçelos, cuya flota aún se hallaba anclada en la bahía.

El galeón Santiago zarpó del puerto de Funchal con rumbo a Santa Cruz de La Palma el 7 de Julio de 1570, aprovechando que los piratas habían abandonado finalmente la isla. A bordo iba el P. Ignacio de Acevedo con 39 misioneros más y algunos pasajeros, amén de la tripulación. Estuvieron a punto de ser abordados por los cinco navíos de Sourie pero un fuerte viento se levantó repentinamente y dispersó a los barcos al aproximarse a La Palma. El galeón de los jesuitas tuvo que guarecerse rápidamente en el puerto de Tazacorte.

Anclado el galeón a tierra, los misioneros fueron acogidos por la familia Monteverde, y relacionada con el P. Ignacio, ya que Melchor de Monteverde y Pruss se había educado con él en su ciudad natal.

El 13 de Julio de 1570 celebró el P. Ignacio de Acevedo su última misa en tierra, en la iglesia del Patrón de La Palma, San Miguel Arcángel de Tazacorte.

Existe una tradición que dice que el P. Ignacio, en el preciso instante de que el jesuita bebía del cáliz, tuvo la revelación de su próximo martirio, provocándole una tremenda impresión. El P. Ignacio marcó sus dientes el borde del cáliz con una melladura: “hecha con los dientes incisivos, al tiempo de sumir el linguis, atribuyéndose entonces este hecho a la revelación que en aquel momento había tenido dicho padre de que iba a padecer martirio”.

El 14 de Julio de 1570 el galeón Santiago zarpó rumbo a Santa Cruz de La Palma, por la parte sur de la isla. El mar se hallaba en calma ese día, lo que obligó al galeón a avanzar bordeando la isla para aprovechar mejor el “terral”, la ligera brisa que le llega de tierra.

Al amanecer del día 15 de Julio, Jacques Sourie, a bordo del navío “Le Prince”, interceptó el galeón de los jesuitas cuando se aproximaba a la Punta de Fuencaliente, aprovechando los vientos que le venían del mar por la parte del levante. A los disparos de intimidación por parte de los piratas, le siguieron los intentos de abordaje. Mientras tanto, los otros navíos del pirata se iban acercando al galeón “Santiago”.

A la orden de Sourie, saltaron unos piratas de los cinco barcos franceses sobre el galeón portugués, ávidos de sangre y riquezas. Nada pudieron hacer ni los tripulantes ni los jesuitas. El P. Acevedo alentaba como podía a sus compañeros y compatriotas. El capitán de uno de los barcos atacantes lo hirió en la cabeza con una espada. A duras penas siguió animando a los suyos para perdonar a los verdugos, mientras abrazaba con fuerza el pequeño cuadro de la Virgen, obsequio de Pío V. Herido de muerte por tres golpes de lanza, cayó al suelo sin vida.

Los piratas acuchillaron a treinta y nueve jesuitas y lanzaron por la borda los cuerpos, algunos moribundos, hasta que los vieron hundirse en el mar. Francisco, que fue uno de los últimos en recibir el martirio, alentaba a sus compañeros con unas palabras que había oído al P. Baltasar Álvarez: “Hermanos, no olvidemos que somos hijos de Dios”.

Tan sólo perdonaron la vida al hermano cocinero, que era sobrino del capitán, pero no satisfecho con su destino, decidió vestirse con el hábito religioso y declararse jesuita. Fue inmediatamente degollado.

Este mismo día, víspera de Ntra. Sra. del Carmen, hubo fiesta en el Carmelo de Toledo, donde asistió Santa Teresa de Jesús. Retirada ya en su celda, en contemplación, “conoció la muerte de los cuarenta padres y hermanos de la Compañía de Jesús que iban al Brasil” entre los que estaba su sobrino Francisco Pérez Godoy, de Torrijos. Cuando se lo comunicó al P. Baltasar Álvarez le dijo “que los había visto con coronas de mártires en el cielo”.

Después del tormento, los piratas llegaron al puerto de San Sebastián de La Gomera. Con el paso de los días se fue divulgando la espeluznante noticia, y D. Diego de Ayala y Rojas, conde de La Gomera, logró de Jacques Sourie la entrega de los 28 miembros de la tripulación y pasajeros lusitanos que tenía prisioneros. Cuando llegaron estos hombres a Funchal, relataron minuciosamente al jesuita P. Pedro Díaz lo ocurrido a bordo de la nave portuguesa. Todo fue recogido en “La Relación del martirio del padre Ignacio de Azevedo y sus compañeros”.

El Papa Benedicto XIV en su Bula del 21 de Septiembre de 1742, reconoció el martirio de los cuarenta jesuitas “conocidos por antonomasia con el nombre de Mártires de Tazacorte”.

El 11 de mayo de 1854 el Papa Pío IX los beatificó y en el santoral católico aparece reflejada esta festividad el 15 de Julio.

Aunque en Torrijos no trascendieron las noticias de todos estos hechos.

Fue en Mayo de 1886, con motivo de las fiestas en honor del Santísimo Cristo de la Sangre, cuando el P. Julian Curiel, rector del colegio de la Compañía de Jesús en Talavera de la Reina, dio a conocer entre los torrijeños la figura del Beato Francisco. Célebre fue el sermón pronunciado por el P. Curiel, resaltando las cualidades y valores de nuestro ilustre paisano, pidiendo a todos la ayuda económica necesaria para realizar una talla de madera del Beato.

Además, se estuvieron recogiendo firmas para solicitar del Vaticano la aprobación canónica del culto en nuestro pueblo de la imagen del Beato, al igual que se había concedido a la Compañía de Jesús.

Con lo recaudado por los fieles, se adquirió una imagen de talla del Beato en un taller de Barcelona que llegó a costar 400 pesetas.

La imagen del Beato Francisco Pérez de Godoy fue colocada para el culto público en una de las hornacinas laterales del retablo mayor de la Capilla de San Gil.

Durante la Guerra Civil, la imagen del Beato sufrió la mutilación de la cabeza y los brazos, permaneciendo apartada en una habitación de la Colegiata.

En el año 1952, siendo alcalde de la Villa D. Roberto Barthe Pastrana y párroco D. Alejandro Corral Olariaga se colocó la primera piedra de la iglesia del nuevo barrio de Torrijos, la Colonia Gatell, por el obispo auxiliar de la Diócesis, monseñor Miranda.

En 1966, D. Anastasio Granados, Obispo Auxiliar de Toledo, consagró la Iglesia de las Colonias bajo la advocación del Beato Francisco Pérez de Godoy, cuya imagen preside el Altar Mayor.

En la actualidad, y en recuerdo de los Mártires de Tazacorte, se han colocado cuarenta cruces en el fondo del mar, donde se cree que fueron arrojados los jesuitas.

miércoles, 30 de junio de 2010

TORRIJOS Y EL REY PEDRO I EL JUSTICIERO


Después desto partió el Rey de Córdoba, é vino para tierra de Toledo, é estovo algunos días en un su logar que llaman Torrijos á cinco leguas de Toledo. E fizo el Rey facer allí un torneo, é entró en él, é fue ferido en la mano derecha de una punta de espada, en guisa que estovo en grand peligro, que le non podían tomar la sangre: é estovo allí fasta que sanó. E otrosí ya sabía el Rey cómo el Obispo de Burgos, Don Juan de las Roelas, é Don Alvar García de Albornoz, que él avía enviado por mensageros al Rey Don Juan de Francia á le demandar que le diese por muger á Doña Blanca su sobrina, fija del Duque de Borbón, ya venían é traían la dicha Dona Blanca, é que enviaba el Rey de Francia con ella al Vizconde de Narbona, é otros grandes Caballeros de Francia, é que eran ya en Castilla, é que llegarán á Valladolid, do estaba la Reyna Doña María, su madre del dicho Rey Don Pedro, lunes veinte é cinco días de febrero deste año. E el Rey tenía estonce consigo en Torrijos á Doña María de Padilla, que la avía tomado en la villa de Sant Fagund quando iba sobre Gijon, segund dicho avernos: é el Rey amaba mucho á la dicha Doña María de Padilla, tanto que ya non avía voluntad de casar con la dicha Doña Blanca de Borbón, su esposa; ca sabed que era Doña María muy fermosa, é de buen entendimiento, é pequeña de cuerpo.
Crónicas de los Reyes de Castilla

miércoles, 16 de junio de 2010

TORRIJOS Y LA CIUDAD DE GRANADA


Hace pocos días, en una de las escapadas que hemos hecho durante el puente del día 31 de mayo, fiesta de Castilla-La Mancha, dimos con nuestros huesos en Granada, capital del Reino Nazarí, el último bastión musulmán de Al-Andalus.

Patrimonio de la Humanidad, la Ciudad de Granada en un monumento increíble al que invitamos a todos a visitar durante varios días. Además de la Alhambra y los jardines del Generalife se pueden ver la Catedral, la Capilla Real (donde se encuentran las tumbas de los Reyes Católicos, Felipe el Hermoso y Juana la Loca), la Cartuja, el barrio del Albaicín, el monasterio de San Jerónimo, etc.

Durante la visita de la Alhambra tuvimos la suerte de encontrar en ella una parte de nuestra historia, de la Historia de Torrijos, que nos llamó mucho la atención.

En la Torre de la Vela, el punto más alto de toda la Alcazaba musulmana, se encuentra una placa de mármol donde aparece el nombre de D. Gutierre de Cárdenas, Señor de Torrijos. En concreto el texto completo dice:

“El día 2 de Enero del año de 1492 de la Era Cristiana, a los 777 de la dominación Árabe, declarada la victoria y hecha entrega de esta Ciudad a los S.S. Reyes Católicos, se colocaron en esta Torre, como una de las más elevadas de esta Fortaleza, los tres estandartes insignia del Ejército Castellano: y enarbolando el Cardenal González de Mendoza y D. Gutierre de Cárdenas los Santos Pendones, se tremoló el Estandarte Real por el Conde de Tendilla diciendo en altas voces los Reyes de armas: Granada, Granada por los ínclitos Reyes de Castilla D. Fernando y Dª. Isabel”.

Para refrescarles un poquito la memoria, D. Gutierre de Cárdenas fue el primer caballero castellano que pisó el recinto palaciego de la Alhambra.

Cuando todo estaba ya perdido, Boabdil solicitó de los Reyes Católicos el envío urgente de un destacamento de hombres armados que tomase el control de la Alhambra y preparase la entrega de la ciudad. Los reyes decidieron enviar a don Gutierre al mando de una tropa formada por jinetes e infantes armados con espingardas y ballestas. Una vez dentro, el Comendador Mayor ordenó a sus soldados que ocuparan los lugares estratégicos de la Alhambra, mientras él se entrevistaba con el emir en sus aposentos y recibía de sus manos las llaves de la fortaleza-palacio.

jueves, 3 de junio de 2010

EL CORPUS CHRISTI EN TORRIJOS


La Fiesta del Corpus Christi en Torrijos es una celebración religiosa en torno al Cuerpo y la Sangre de Cristo, cuya conmemoración reúne en el mismo lugar multitud de ritos y tradiciones seculares.

Esta expresión popular de alegría por la presencia real de Cristo se manifiesta en el cortejo procesional, epicentro de la fiesta, en la que participa todo el pueblo, y cuyo principal elemento es la Sagrada Forma.

Además, la festividad permite conjugar perfectamente la solemnidad oficial y la devoción popular. En ambos casos, la fiesta aglutinó a lo largo del tiempo una simbología compleja, con alegorías teológicas y costumbres populares, elementos entre lo figurado y lo lúdico que se combinaron para formar una concepción compleja de lo sagrado.

En Torrijos, merced a doña Teresa Enríquez, la festividad del Corpus cambió sus tradicionales celebraciones para convertirse en la principal procesión del año. Se tazaron nuevos ritos, nuevos recorridos y la liturgia se cargó de mayor solemnidad. Podíamos dividirlo en dos momentos: el religioso, capitalizado por la Iglesia, a quien correspondía la ceremonia en la Colegiata, y por la cofradía del Corpus Christi, que organizaba la procesión y las danzas, y el civil, el cual quedaba bajo cuidado del Concejo, abarcando los aspectos festivos como el adorno de las calles, los toros, autos y comedias.

El Jueves del Corpus, sobre las 5 de la mañana, entre dos luces, se cantaban los Laudes, y antes de la Misa Mayor, se colocaban en el altar, delante de la custodia, doce velas de cera blanca de media libra que lucirían desde este día hasta la octava.

Muy solemne era la celebración de la Misa Mayor, a las 10 de la mañana. Desde la sacristía salía el cortejo procesional dirigido por el pertiguero, con los ministriles tañendo sus instrumentos, los clerizones danzando austeramente y el cabildo de la Colegiata encabezado por el capellán mayor, que era el encargado de oficiar la misa.

Consagrada la Sagrada Forma se colocaba en el viril de la custodia, con el sonido del órgano y el canto del Pange Lingua, para proceder después al comienzo de la procesión.

Signo distintivo de toda la celebración en honor del Santísimo Sacramento, la procesión era el punto culminante de toda la fiesta, donde los fieles adoran el Cuerpo de Cristo en la Custodia.

Una vez expuesto el Santísimo en la Custodia, los clerizones bailaban sus danzas en honor del Corpus Christi, al son de los ministriles.

La procesión partía de la Colegiata a las 11 de la mañana, con el continuo repique de campanas de la torre.

El itinerario se iniciaba en la puerta principal, dirección a la Calle de la Rúa o Mayor y continuando hasta la esquina de la Calle de la Trinidad, actual comienzo de la Plaza del Cristo. Subía por la plaza del Cristo hasta el Hospital de la Santísima Trinidad. Calle del Cristo arriba, procesionaba hasta la calle de San Juan por donde descendía hasta la calle de la Buenadicha y plaza del Caño Viejo, para entrar otra vez por la puerta de Poniente de la Colegiata.

El deseo de los fieles y las cofradías de estar lo más cerca posible del Santísimo Sacramento producía no pocas rivalidades. Por esta razón, era preciso un meticuloso protocolo, conforme al cual se organizaba la procesión. Aún así, muchas veces se originaban roces y discusiones, hasta el punto de iniciarse sonados pleitos sobre el derecho de “ir en mejor lugar” de estandartes, de cofradías y de danzas, en el desfile sacro.

La procesión estaba encabezada por dos personajes que formaban parte de la nómina de sirvientes de la Colegiata: el perrero y el pertiguero. El primero estaba encargado de ir ahuyentando con su “azote” a los perros que pudieran andar en las calles por donde iba a pasar el cortejo procesional y el pertiguero, cuyo oficio era el de poner orden en la procesión, llevaba en su mano una vara de plata en cuyo remate estaba la insignia del Santísimo Sacramento.

Seguidamente la cruz parroquial de San Gil, de plata, acompañada de dos ciriales. A continuación se disponían en el cortejo las diferentes hermandades y cofradías torrijeñas, por orden de antigüedad en su fundación. Es decir, desfilaban primero las hermandades de más reciente creación, y después las más antiguas, con sus respectivos estandartes, los rectores y diputados (hermanos mayores) con los cetros.

El cortejo se formaba junto a los estandartes por dos filas paralelas de hermanos de dichas cofradías, y personas del pueblo. Detrás, en el lado derecho de la fila, los cofrades de la cofradía del Corpus Christi y, en el lado izquierdo, los cofrades de la cofradía del Santísimo Sacramento de San Gil.

Después de las hermandades y cofradías discurría, caminando en la parte central, el maestro de capilla con el colegio de clerizones, revestidos con vestiduras encarnadas, que iban entonando motetes eucarísticos, aunque sin bailar por la calle.

Detrás acompañaban el padre guardián y frailes del convento franciscano de Santa María de Jesús, invitados por el cabildo de la Colegiata. A continuación se disponía el cabildo de capellanes de la parroquia de san Gil, los beneficiados y el párroco.

Les seguía el guión del cabildo de la Colegiata del Corpus Christi, una gran cruz de plata sobredorada. Luego los beneficiados y capellanes de las diferentes memorias y capellanías fundadas en la Colegiata, revestidos con sobrepellices.

Junto a ellos se situaban los capellanes del cabido del Santísimo Sacramento, por orden de antigüedad, como lo hacen al entrar al coro para las horas canónicas.


Detrás se colocaban los diputados de las dos cofradías del Santísimo Sacramento, el mayordomo de la de San Gil con el cetro de la cofradía y detrás el rector de la del Corpus Christi con el estandarte. Aparecía entonces el paso de la custodia, bajo palio, a hombros de cuatro clerizones en sus andas.

La custodia, donada por Dña. Teresa al fundar la iglesia, era de grandes dimensiones, “de plata sobredorada con su pie relicario y viril, y el pie armado de hierro y vidrieras de cristal, y cuarenta y cinco botones de oro esmaltados y labrados al uso antiguo que están por adorno de la custodia. Y los veintiséis botones están en los rayos y pie con tres perlas grandes cada uno y cuatro en los rayos del viril, que cada uno tiene cinco perlas netas”.
Las andas eran también de plata

Tras la custodia iba el Capellán Mayor acompañado por un diácono y subdiácono, el sacristán y el capellán presidente, así como el duque o su representante, el corregidor y el Concejo de la Villa.

A su regreso al templo la custodia se colocaba de nuevo sobre el altar mayor, donde permanecería “patente” el Santísimo Sacramento hasta la octava del Corpus.

martes, 25 de mayo de 2010

EL SEÑOR DE LA PRECIOSA SANGRE DE YURIRIA (MÉXICO)


Yuriria se encuentra en México, ubicado en el suroeste del estado de Guanajuato, con gran importancia tanto por su localización como por su historia. Se encuentra a aproximadamente hora y media de la ciudad de León.

El nombre primitivo de la ciudad era Yuririapúndaro, que en purépecha es Iurhirio y significa “Lugar de sangre“, después fue llamado Yuririhapúndaro y posteriormente se le dio el nombre que conocemos hasta nuestros días que es el de Yuriria.

Se dice que este lugar estuvo ubicado dentro de los límites de “La Gran Chichimeca del siglo XVI” y de acuerdo a las crónicas fue fundada por el cacique chichimeca Xolotl. En 1535 llego a este lugar el misionero Fray Alonso de Alvarado quien inicio con la catequización de la comunidad; posteriormente, el 12 de Febrero de 1540 Fray Pedro de Olmos bendijo la fundación española de Yuririhapúndaro.

El 6 de Julio de 1852 se le asigna la categoría de Villa para posteriormente, el 1 de Enero de 1914 se le expide el decreto por el que se le declara ciudad.

En la Parroquia de la Preciosa Sangre de Cristo, la cual descubrí hace algún tiempo, se encuentra un Cristo Crucificado de tamaño natural y de color negro, el cual es muy venerado en esta zona.

Cuenta la tradición local que este crucifijo de la Preciosa Sangre de Cristo es una copia admirable de nuestro Santísimo Cristo de la Sangre que, con el mismo título, llegó a la Villa de Torrijos desde aquellas tierras. Esta imagen negra fue un regalo del torrijeño Fray Alonso de la Fuente allá por el año de 1646.

Desde entonces permaneció este Cristo Negro en su primitiva ermita, situada en el mismo Barrio de Taretan y hoy ya desaparecida.

Posteriormente le dedicaron su actual Templo, el cual inicio su construcción el 24 de Noviembre de 1884 y abrió sus puertas el 3o de Diciembre de 1900.

domingo, 16 de mayo de 2010

II ENCUENTRO DE PROMOCIÓN TURÍSTICA DE LA COMARCA DE TORRIJOS


El próximo viernes 21 de mayo a las 20:30 horas, en la Casa de la Cultura de Santa Olalla tendrá lugar la inauguración del II Encuentro de Promoción Turística de la Comarca de Torrijos.

En dicho acto tendrá lugar la presentación del libro titulado “La Comarca de Torrijos durante la Guerra de la Independencia”, editado por el Instituto de Estudios Comarcales “Señoríos de Entre-Ríos” que esperamos, una vez más, sea acogido con gran interés por los lectores interesados en conocer los acontecimientos históricos relativos a Torrijos y los pueblos de la Comarca durante aquella guerra que marcó el inicio de la Edad Contemporánea Española.

Participan de este proyecto gran cantidad de pueblos de nuestro entorno (46) entre los que destacan Gerindote, La Puebla de Montalbán, Torrijos, Fuensalida, Alcabón, Val de Santo Domingo, Carmena, Huecas, Maqueda, Santa Olalla, Escalona, Almorox, Carriches, Domingo Pérez, etc. con sus respectivos artículos, donde se relatan los principales acontecimientos acaecidos en estos años.

También se hace una pequeña introducción a la época en que tiene lugar la Guerra de la Independencia, y el marco histórico y socio cultural de la Comarca desde finales del siglo XVIII.

Como colofón, a este “trabajo coral”, se dedica un último capítulo a las leyendas y tradiciones, bajo el título “Entre la ficción y la leyenda”, en el que se recogen relatos interesantísimos, como la historia de Petra Corral, la doncella de Alcabón; la leyenda de Aristóbula de Val de Santo Domingo o la torrijeña piedra de los Franceses.

Además de la presentación del libro tendrán lugar la proyección de documentales relativos a los pueblos de la Comarca y una exposición de los recursos turísticos y artísticos de todos ellos.

jueves, 13 de mayo de 2010

TRES LIENZOS DEL PINTOR JOSÉ MORENO PARA EL RETABLO DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SANGRE DE TORRIJOS


El hospital de la Santísima Trinidad de Torrijos (Toledo) es una venerable fundación patrocinada por los señores de Maqueda, don Gutierre de Cárdenas (Ocaña ¿? - Alcalá de Henares, 1503) y su mujer doña Teresa Enríquez (Valladolid, hacia 1450 – Torrijos, 1529), hija natural del Almirante de Castilla(1). De él se conservan hoy un patio renacentista y la iglesia, que básicamente se erigió sobre el espacio de una antigua sinagoga, a la que se añadió a lo largo del primer tercio del siglo XVI una cabecera gótica poligonal de cinco paños que conforma en la actualidad el presbiterio. Presenta una nave única con dos importantes adicciones en las que tienen cabida, por el lado sur, la sacristía y la capilla de Santa Ana, con ornamentación geométrica de estilo clasicista; y, por el lado este, un camarín adosado a la cabecera, obra de la segunda mitad del siglo XVIII. De menor empaque arquitectónico es la capilla de la Soledad que se abre en el muro norte, superado con creces por su importancia para la devoción y el arte de Torrijos. Vinculada a la familia Cebreros, para este reducido espacio y para la Hermandad de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo don Francisco de Cebreros envió desde Méjico la imagen del Santísimo Cristo de la Sangre, una importante obra de escultura hispanoamericana, cuyo estilo y técnica la emparenta con otras imágenes semejantes realizadas en lo fundamental a base de caña y pasta de maíz (“pasta de Michoacán”), a la que se añaden colas y papel, además de los pigmentos de policromía y los aceites para el abrillantado final. El resultado final son imágenes de tamaño natural y escaso peso, lo que facilita enormemente su traslado(2).

El culto a la imagen del Cristo de la Sangre fue creciendo, especialmente después de que en 1711 la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre se escindiera de la Preciosa Sangre, arrastrando con ella a la imagen y a sus devotos(3). Experimentó un nuevo auge a mediados del siglo XVIII, buscándose por entonces el reconocimiento canónico de varios milagros y realizando varias obras en la iglesia que se centraron fundamentalmente en la decoración pictórica del presbiterio y en la construcción del camarín (hacia 1765), ésta promovida por doña Ana de Silva Sarmiento, duquesa de Arcos, Maqueda, Nájera y Baños(4), que conllevó la reforma del cuerpo principal del retablo para permitir la contemplación del Cristo de la Sangre desde la iglesia.

Los andamios colocados para la reciente restauración de la iglesia (2007-2008), centrada en la limpieza de la bóveda, que ha desvelado un conjunto pictórico de ángeles pasionarios y motivos ornamentales, y en las pinturas murales de los paños laterales del presbiterio, también ha permitido contemplar de cerca y comprobar que la pintura de la Santísima Trinidad que corona el ático del retablo barroco está firmada por el pintor madrileño José Moreno y fechada en 1667. Por su estilo, también pueden atribuirse a Moreno los pequeños lienzos de San Miguel arcángel y de San Agustín que decoran las partes altas de las calles del evangelio y de la epístola respectivamente(5).

Los tres lienzos se enmarcan en un retablo de estilo barroco, realizado en madera dorada, compuesto por un sotabanco con banco, un cuerpo y un ático en remate semicircular, y estructurado en tres calles mediante columnas salomónicas ceñidas por sarmientos de vid. Aunque no debió de ser así en origen, hoy la calle central se abre en arco rebajado hacia el camarín del siglo XVIII para permitir el acceso visual a la imagen del Santísimo Cristo de la Sangre que preside el retablo. Por curioso que parezca, se desconoce cual fue la imagen que originariamente presidió este retablo. Debió de ser un Ecce Homo, un Cristo atado a la columna u otro Crucificado, pues la policromía seiscentista de las jambas de la hornacina lucen emblemas de la pasión. Entre las columnas de las calles laterales hay repisas con esculturas que se identifican comúnmente con San Pedro y San Pablo, si bien carecen de atributos evidentes y la supuesta de San Pedro lleva vestiduras de San Nicolás de Bari. En su parte alta hay dos lienzos casi cuadrados de San Miguel y San Agustín, que a lo largo del siglo XX han cambiado de posición, según puede apreciarse en algunas fotografías antiguas. En el ático, la decoración está compuesta por un lienzo de la Santísima Trinidad entre los lunetos con decoración de roleos vegetales del medio punto.

Aun cuando la fundación del hospital se hizo bajo la advocación de la Santísima Trinidad, la creciente devoción al Santísimo Cristo de la Sangre explica el resto de la decoración del presbiterio, en cuya bóveda han quedado al descubierto unos gruesos angelotes barrocos e instrumentos de la pasión de Cristo. Los muros presentan unas vistosas pinturas murales con grandes perspectivas arquitectónicas que horadan visualmente los muros y los abren a través de balaustradas hacia el exterior. Entre sus columnas y escalinatas se pintaron escenas de la pasión de Cristo, algunas completamente perdidas, de modo que hoy sólo se pueden apreciar las escenas del Ecce Homo en el lado del evangelio y la de Cristo camino del Calvario se encuentra con su madre, en el lado de la epístola; e intuir otras a través de figuras fragmentarias como la Flagelación. En el luneto sobre la escena del Ecce Homo se identifica a San Juan Evangelista, resto de un conjunto de evangelistas, muy deteriorados, que también formaron parte de este conjunto iconográfico de argumento pasionario acorde con la devoción al Cristo.

Estas pinturas murales presentan un estilo ampuloso y escenográfico, distinto del de los lienzos de José Moreno y muy propio del Barroco de la primera mitad del siglo XVIII, periodo a lo largo del cual debieron realizarse.



De los tres lienzos de José Moreno el más importante es sin duda el de la Santísima Trinidad, que presenta en el borde inferior derecho una firma semioculta bajo la moldura del retablo en la que con la fotografía a la vista hecha desde el andamio de la restauración sólo es posible leer:“Jhp moreno, ft,/...667”, siendo probable que también conste en ella la expresión “año de” y el número uno correspondiente al millar. No fue posible tomar sus medidas, debido a que el andamio estaba despegado del plano del retablo, pero se trata de un lienzo de grandes proporciones, en estado intacto, con un bastidor original muy ligero, cuyo formato horizontal queda visualmente delimitado, aunque no cortado, por el trazado curvilíneo de las molduras del arco y del remate del retablo. En un escenario de gloria cuajado de nubes de color blanquecino dorado, Moreno trazó una composición simétrica con la paloma del Espíritu Santo en el centro, flanqueada por las figuras de Dios Padre y de Cristo resucitado, ambos sentados, con cetros y acompañados por ángeles con globos terráqueos cristalinos. La pintura demuestra perfectamente el estilo de Moreno, tanto en el dibujo ondulante de los contornos de las figuras, como en la caracterización fisonómica de las figuras o en el colorido suave, dominado por tonos nacarados para la anatomía del desnudo de Cristo y los blancos, azules y carmines rosáceos para las vestimentas de las figuras. La facilidad que Moreno mostró en toda su obra se aprecia en el modo de resolver con pinceladas redondeadas y ampulosas la forma del Espíritu Santo, semejante a las palomas que aparecen en otras pinturas suyas. La cabeza de Dios Padre es semejante a la de Zacarías de la Visitación que fechó en 1662 (Madrid, Museo Nacional del Prado) (6).

La pintura es un excelente ejemplo del quehacer de los pintores jóvenes de la escuela de Madrid en la década de 1660, atentos tanto a la asimilación de las novedades técnico-estilísticas flamencas y venecianas, como a su interpretación por los grandes pintores del momento como Francisco Herrera el Mozo, Francisco Rizi y Juan Carreño de Miranda. En este sentido, aunque la pintura de Moreno en su interpretación esencial del tema de la Trinidad pueda evocar la Trinidad pintada por Antonio de Pereda hacia 1659 para el ático del retablo mayor del Carmen Calzado de Madrid (hoy parroquia del Carmen y San Luis de Madrid)(7), en realidad guarda estrecha relación con una de las más famosas pinturas del momento como es la Fundación de la Orden de la Santísima Trinidad o Primera misa de San Juan de Mata (París, Museo del Louvre), obra concluida por Carreño de Miranda en 1666. Este cuadro destinado a los Trinitarios de Pamplona contó con una gestación compleja, fruto de la feliz colaboración entre Francisco Rizi y el propio Carreño de Miranda, y perfectamente documentada gracias a la existencia de un dibujo previo de Rizi (Florencia, Uffizi) y de un boceto de Carreño (Viena, Academia de Bellas Artes)(8). Puede que Moreno conociera el boceto de Viena o que viera el cuadro destinado a los Trinitarios de Pamplona, pero la composición de la Santísima Trinidad del Santísimo Cristo de la Sangre de Torrijos se atiene al dibujo de Rizi en el significativo detalle de disponer erguida la cabeza de Dios Padre. Quiere esto decir que uno o dos años después de que el proyecto para los Trinitarios de Pamplona se hubiera concretado en el dibujo y en el boceto citados (hacia 1665-1666), José Moreno volcó parte de sus enseñanzas en la Santísima Trinidad (1667) del retablo de Torrijos, interpretándolas con un estilo plenamente barroco y un colorido cristalino.

Los lienzos de San Miguel arcángel y San Agustín (9) son obras de carácter menor y a simple vista no parece que estén firmadas. No obstante, sus modelos humanos denotan el refinado sentido del color y la delicadeza del estilo de José Moreno. Ambas vienen a completar un sencillo programa iconográfico sobre el misterio de la Santísima Trinidad, titular del hospital, y en este sentido es ajeno a la presencia del Santísimo Cristo de la Sangre, aunque no a cualquier otra imagen de Cristo. En el lado del evangelio se representa a San Miguel arcángel de frente, con las alas explayadas y la vista hacia lo alto como buscando a la Trinidad situada en el ático. Lleva en la mano izquierda una balanza con los platillos descompensados, cargados con una especie de esferas poco definidas, pero con las que evidentemente se alude al juicio final y al peso de las almas y de los méritos contraídos por los hombres en la tierra, con el consiguiente castigo o premio en la vida eterna, cuyo final cristiano es la contemplación de Dios uno y trino en la gloria.

La correspondencia espacial dentro del retablo entre la posición en lo alto de la Santísima Trinidad y la vista elevada de San Miguel arcángel no es tan clara en el caso del lienzo de San Agustín, colocado en el lado de la epístola, representado lateralmente y con la vista hacia lo alto, pero hacia fuera del retablo, de modo que su mirada se dirige hacia la luz natural de los ventanales del muro sur de la iglesia. La explicación está en algunas fotografías antiguas, en las que imágenes y cuadros se ven cambiados de lado (10). El santo está caracterizado como obispo de Hipona, con mitra, báculo y hábito negro, de modo que el mayor interés de la composición queda centrado en la viveza del gesto y en la fina mano sobre el pecho. La presencia de San Agustín en el contexto iconográfico del retablo tiene que ver con sus esfuerzos intelectuales por comprender el misterio de la Santísima Trinidad y de sus tres personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en un sólo Dios verdadero, esfuerzos expresados en su tratado De Trinitate (11).

Por su fecha, los lienzos del retablo del Santísimo Cristo de la Sangre de Torrijos se sitúan entre los más antiguos conocidos de José Moreno y en un periodo de grandes discontinuidades cronológicas en la vida y obra del pintor. Les precede una Adoración de los Reyes Magos, fechada en 1660 (colección particular), y la Visitación de 1662 (Madrid, Museo Nacional del Prado) (12).

Gracias a que el lienzo de la Santísima Trinidad está fechado en 1667 se puede pensar que el retablo mayor se construyó poco antes, siendo el dorado del retablo y los lienzos de Moreno la culminación de esta fase de embellecimiento de la iglesia.

Ismael Gutiérrez Pastor
Departamento de Historia y Teoría del Arte. UAM.

NOTAS:

(1) Manuel de Castro y Castro, O.F.M. La loca del Sacramento y Gutierre de Cárdenas. Toledo, 1992. Julio Longobardo Carrillo, Jesús Sánchez de Haro, Justiniano de la Peña Carbonero, Javier Buitrago Maselli, Fernando Alcántara García. Cofradías y Hermandades en la Villa de Torrijos. Toledo, 2008, pp. 89-94.
(2) La de Torrijos mide 2,02 metros de alta y pesa poco más de 8 kilos. (Longobardo Carrillo et alii, op. cit., 2008, p. 109).
(3) Longobardo Carrillo et alii, op. cit., p. 95.
(4) Ibidem, pp. 103 y 144. La misma duquesa encargó a Juan Fernando Palomino en 1779 una plancha para imprimir estampas que representa el retablo del Santo Cristo rodeado de varias escenas con milagros. Julio Longobardo Carrillo, Jesús Sánchez de Haro, Justiniano de la Peña Carbonero, Javier Buitrago Maselli, Fernando Alcántara García. Cofradías y Hermandades en la Villa de Torrijos. Toledo, 2008.
(5) Agradezco a Jesús Sánchez de Haro la comunicación del hallazgo y la ocasión de estudiar estas pinturas.
(6) Ismael Gutiérrez Pastor, “El pintor José Moreno (c. 1630/1637 – 1677): revisión de su vida y nuevas obras”, en Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte (Universidad Autónoma de Madrid), vol. XVII, 2005, p. 71, fig. 3.
(7) Diego Angulo Iñiguez – Alfonso E. Pérez Sánchez. Historia de la Pintura española. Escuela madrileña del segundo tercio del siglo XVII. Madrid, 1983, p. 198, nº 91 y lámina 204.
(8) Véanse las tres imágenes en Alfonso E. Pérez Sánchez, Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo (1650-1700), catálogo de la exposición, Madrid, Museo del Prado, Palacio de Villahermosa, 1986, p. 42 (dibujo de Rizi), p. 43 (lienzo del Louvre) y p. 208 (boceto de la Academia de Viena).
(9) Óleos sobre lienzo, con respaldo de tabla, 54 x 48 cm.
(10) Véase alguna de estas fotografías en el libro de Longobardo Carrillo et alii, op. cit., 2008, p. 100.
(11) Félix García, O.S.A. “28 de agosto. San Agustín”, en Lamberto de Echeverría y Bernardino Llorca, S.I., Año cristiano, III, julio-septiembre. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1966 (segunda edición), pp. 488-498.
(12) Gutiérrez Pastor, op. cit., p. 71.

sábado, 1 de mayo de 2010

3 DE MAYO, DIES CRUCIS


“Estamos a treinta
del Abril cumplido,
mañana entra Mayo
de flores vestido”

Así comienzan y suenan, en multitud de lugares de nuestra geografía, los Mayos a la Virgen, prólogo del Mes de las Flores, del Mes de María, de las Fiestas del Stmo. Cristo de la Sangre o las tradicionales Cruces.

En Torrijos, la Fiesta de la Cruz de Mayo se remonta al siglo XVII, con la fundación de la Cofradía de la Santa Cruz el 6 de mayo de 1625.

Los esclavos de la Santa Cruz, Juan Fernández de Cevallos, rector y esclavo mayor; Francisco González y Francisco Rodríguez, mayordomos; Pedro Martín, Juan Pajares, Francisco Fernández Carrión y Juan Muñoz, Hernando López Hermoso, diputados, firman un poder ante Juan de Orozco con las ordenanzas de la nueva cofradía para su aprobación por el Consejo Arzobispal, quienes reciben la confirmación el 10 de Mayo de 1625.

Solicitada ante la Santa Sede su aprobación canónica, dos años después, concretamente el 15 de Mayo de 1627 (Idus Maii) la cofradía de la Santa Cruz recibió la confirmación de su fundación con la bula “Caelestis thesauros” del Papa Urbano VIII.



La traducción de dicha bula sería de esta manera:

Urbano obispo, siervo de los siervos de Dios, a todos los fieles cristianos que lean estas letras. Salud y Bendición Apostólica.

Y esto lo hemos tenido presente al ser informados de que en la parroquia de San Gil de la villa de Torrijos, diócesis de Toledo, existe una piadosa Cofradía de fieles, canónicamente erigida bajo la advocación de la Santa Cruz, a la que pueden pertenecer personas de cualquier profesión, quienes siempre se han distinguido en numerosas obras de caridad, piedad y misericordia.

Nos, deseando que los cofrades, mientras existan, se estimulen en el ejercicio de piadosas obras y crezcan en la práctica de las mismas en el futuro, y en esto otros fieles encuentren aliciente para pertenecer a dicha Cofradía, y ésta misma pueda mantenerse con la debida veneración y sea frecuentada con cultos convenientes, y para que los fieles confluyan con tanto mayor grado, cuanto mayor es el cúmulo de gracias con que se les favorece.

Por la misericordia de Dios omnipotente y apoyados en la autoridad de los apóstoles Pedro y Pablo, concedemos INDULGENCIA PLENARIA y la remisión de todos los pecados a todos y cada uno de los fieles de ambos sexos que entren en lo sucesivo en dicha Cofradía, y en el día de su ingreso reciban al Santísimo Sacramento verdaderamente arrepentidos y confesados. Y a todos los cofrades en peligro de muerte, tanto a los que ya lo son como a los que lo serán en el transcurso del tiempo, que verdaderamente arrepentidos, y si es posible confesados y comulgados, o al menos habiendo hecho un acto de contricción, pronuncien el nombre de Jesús de corazón si no pueden hacerlo con los labios, o hagan otro signo de arrepentimiento.

Además, a los mismos cofrades, verdaderamente arrepentidos, confesados y habiendo comulgado, que visiten devotamente la referida iglesia en la festividad de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo), desde la víspera por la tarde hasta la caída del sol del día de la fiesta, y rueguen allí por la exaltación de la Santa Madre Iglesia, por la conversión de los herejes, por la paz, unión y concordia entre los príncipes cristianos, y por la salud del Romano Pontífice, concedemos INDULGENCIA PLENARIA y la remisión de todos los pecados.

A todos los cofrades que en las mismas condiciones anteriores visiten devotamente la dicha iglesia el día de la Santa Cruz, el día del Corpus Christi, Natividad de San Juan Bautista (24 de junio) y el día del Triunfo de la Santa Cruz (14 de septiembre) y rueguen según lo establecido anteriormente, concedemos SIETE AÑOS DE INDULGENCIA por cada vez que lo hicieran.

CUARENTA AÑOS DE INDULGENCIA cuantas veces asistieran los cofrades a los Oficios Divinos en esa iglesia, o fueran en peregrinaciones públicas o privadas, lo mismo por otras obras piadosas, procesiones ordinarias o extraordinarias hechas con licencia del Ordinario, a los que asistieran a los oficios mortuorios, a los que hicieran la paz con enemigos propios o ajenos, y a los que por estar impedidos no lo pudieran hacer, si, una vez oída la campana, rezan de rodillas el Padre Nuestro y el Ave María por el mismo enfermo.

CINCO AÑOS DE INDULGENCIA a los que rezando el Padre Nuestro y el Ave María, recibieran en su casa a los peregrinos pobres o ayudaran con sus limosnas los sufragios a favor de los cofrades difuntos. Así mismo a cuantos enseñen la doctrina cristiana
.


La Cofradía de la Santa Veracruz, junto con la Archicofradía del Santísimo Sacramento, son las dos únicas hermandades torrijeñas con aprobación de la Santa Sede, y por tanto, podrían utilizar el título de Pontificias.


Feliz Fiesta de la Cruz de Mayo

jueves, 22 de abril de 2010

I FERIA DEL LIBRO EN TORRIJOS


A partir del día 22 de abril y hasta el día 2 de mayo de 2010 tendrá lugar en la Plaza de la Constitución de Torrijos la I Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Torrijos, coincidiendo con la celebración del Día del Libro.

Nuestra asociación está presente en la citada feria en un stand cedido por el Ayuntamiento a las diferentes asociaciones y escritores locales para la promoción y venta de sus obras.

Entre los títulos que se pueden encontrar a un precio muy económico:

La Colegiata de Torrijos

Dos Siglos de Canciones Populares Torrijeñas (Libro+CD)

Cofradías y Hermandades en la Villa de Torrijos

Torrijos en la Época Cervantina

Los Palacios de Torrijos

Manuel de Llano y Persi, un Político Torrijeño

Los Tesoros de la Colegiata

Enzina, Historia de la Imagen de Santa María de la Encina, Patrona y Señora de la Villa de Carriches

Se encuentran agotados los siguientes títulos:

Torrijos, Perfiles Históricos

Cuando Torrijos era aún Pueblo

María López de Sarria: una Curandera en Torrijos y su Comarca

La Parroquia del Perpetuo Socorro de Aspe

La Restauración de la Colegiata del Santísimo Sacramento

Problemas de la Enseñanza Primaria en Torrijos durante los siglos XVIII y XIX

El Castillo del Alamín

Desde El Escorial a Velada. Viaje de Carlos IV y su Séquito por Tierras Toledanas

La Masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI

martes, 13 de abril de 2010

LA COMARCA DE TORRIJOS DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA


El próximo mes de mayo, los historiadores del Instituto de Estudios Comarcales “Señoríos de Entre-Ríos” (entre los que se encuentran varios miembros de nuestra asociación) presentaremos en la villa de Santa Olalla el vigésimo sexto libro titulado “La Comarca de Torrijos durante la Guerra de la Independencia” que esperamos, una vez más, sea acogido con gran interés por los lectores interesados en conocer los acontecimientos históricos relativos a Torrijos y los pueblos de la Comarca durante aquella guerra que marcó el inicio de la Edad Contemporánea Española.

Participan de este proyecto gran cantidad de pueblos de nuestro entorno (46) entre los que destacan Gerindote, La Puebla de Montalbán, Torrijos, Fuensalida, Alcabón, Val de Santo Domingo, Carmena, Huecas, Maqueda, Santa Olalla, Escalona, Almorox, Carriches, Domingo Pérez, etc. con sus respectivos artículos, donde se relatan los principales acontecimientos acaecidos en estos años.

También se hace una pequeña introducción a la época en que tiene lugar la Guerra de la Independencia, y el marco histórico y socio cultural de la Comarca desde finales del siglo XVIII.

Como colofón, a este “trabajo coral”, dedicaremos un último capítulo a las leyendas y tradiciones, bajo el título “Entre la ficción y la leyenda”, en el que se recogen relatos interesantísimos, como la historia de Petra Corral, la doncella de Alcabón; la leyenda de Aristóbula o la torrijeña piedra de los Franceses.

viernes, 2 de abril de 2010

HERMANDAD DE NTRO. PADRE JESÚS NAZARENO Y NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD


Las primeras noticias fiables que hemos localizado de la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno en su altar aparecen en el año 1864, en el inventario que realiza D. Lucio de la Vega, administrador del Hospital de la Santísima Trinidad y Consolación siguiendo las instrucciones de D. José Genaro Villanoba, apoderado general testamentario del duque de Maqueda D. Vicente Pío Osorio de Moscoso.

La Hermandad se funda a comienzos del siglo XX por D. Balbino Longobardo Vera, D. Federico Díaz y D. Eduardo López, todos ellos ilustres hijos de esta villa de Torrijos.

Fue refundada a mediados de los años cuarenta del pasado siglo tras el paréntesis de la Guerra Civil, bajo la presidencia de D. Gil Díaz.

En aquellos años, la Hermandad celebraba sus Juntas Generales en el domicilio del hermano D. Hipólito Rico, al final de la calle de la Estación, junto al surtidor de gasolina.

Gran impulsor de esta Hermandad fue el que sería Presidente de la misma durante muchos años, D. Rufino España Andújar. Los hermanos se reunían para las procesiones de Semana Santa en el domicilio del Hermano Presidente, D. Gil Díaz, en la calle del Tejar, esquina del callejón del mismo nombre.

Los actuales estatutos de la Hermandad reflejan fielmente los objetivos principales para los que fue fundada en el pasado siglo. Todos ellos recogidos en el Título II, artículo 7:

1º) Promover, desarrollar e incrementar, según las normas de la Iglesia, el culto público y privado en honor de nuestro Señor Jesucristo, bajo el título o advocación de Jesús Nazareno.

2º) Promover entre los hermanos una vida cristiana más perfecta y contribuir a la edificación cristiana de la sociedad en que viven.

3º) Fomentar el espíritu y vida litúrgicos en los actos de piedad.

4º) Buscar una sólida formación bíblica y ascética mediante actos adecuados para ello.

5º) Practicar obras de caridad y asistencia social, no sólo entre los hermanos, sino entre todos los necesitados, sin excepción ni distinción.


A mediados de los cincuenta de la pasada centuria, tras la desaparición de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad, la Hermandad de Jesús Nazareno incorpora esta bellísima imagen barroca a su periplo procesional y se encarga de su conservación. Merece evocar que la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad estaba integrada por más de 150 mujeres torrijeñas y que su Junta Directiva la formaban exclusivamente hombres (D. Valentín Martín Doblado, D. Buenaventura Martín, D. Enrique Peña Villanueva, entre otros). Las Juntas Generales las celebraban en el local propiedad de la familia Peña-Villanueva que poseía en la carretera de Gerindote, donde actualmente se encuentra la Oficina de Correos.

La imagen de esta Virgen se guardaba en la antigua Capilla de los Cebreros, donde anteriormente estuvo la del Santísimo Cristo de la Sangre antes de ser ubicada en el actual camarín del siglo XVIII. Curiosamente en el precioso manto de Nuestra Señora, el Jueves Santo, aparecía prendido un billete de cinco duros, de veinticinco pesetas. Nunca conocimos su anónimo o anónima donante...

Es impresionante la belleza del rostro de Nuestra Señora de la Soledad que se aparta de los cánones escultóricos de la escuela Castellana para acercarse a los de la Andaluza. Desconocemos su autoría, desgraciadamente.

En 1977, la hermandad encargó una carroza para las procesiones del Jueves y Viernes Santo, ya que anteriormente se sacaban a hombros.

En el año 1990, se cambió la indumentaria de los hermanos en las procesiones de Semana Santa, pasando del capirote blanco, cruz morada en el pecho, túnica morada y fajín blanco al capirote morado, cruz blanca en el pecho, túnica morada con fajín blanco y capa del mismo color.

En 1994 se adquirieron túnicas nuevas para las imágenes de Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Soledad, deterioradas por el paso del tiempo.

Un año después se restauró el estandarte de la Soledad, realizado por las monjas de nuestra localidad.

jueves, 1 de abril de 2010

HERMANDAD DEL SANTO SEPULCRO Y NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS


Fecha de fundación: 13 de enero de 1880.

Fines para los que fue fundada. Conforme a sus estatutos, esta cofradía fue fundada “para socorrer y ayudar en los casos de enfermedad de los hermanos cofrades, como así también a las mujeres de éstos; siempre que las enfermedades no fueran ocasionadas por mano airada, venéreas, las crónicas y las enajenaciones mentales y que imposibilitaran generar el sustento de la familia al primero, o que privara de las tareas propias de su sexo a la segunda; siendo el hombre socorrido con seis reales de estipendio al día; y si fuera la esposa la enferma, con tres reales diarios; ambos durante doce días consecutivos, si la enfermedad diera lugar a ello.”

El 20 de Enero de ese mismo año, en la Junta General de la Hermandad a la que habían solicitado su ingreso 73 torrijeños, se redactó el reglamento y se nombró una comisión de dos personas, D. Gregorio Díaz y D. Quintín Palomo, para comprar 56 hachas de cera, alabardas, tambores y el propio arca del Santo Sepulcro que pertenecía a la anterior “sociedad” que existió con ese mismo nombre.

El día 6 de Enero de 1882, reelegida la misma Junta Directiva de los años anteriores, se acordó ampliarla con nuevos cargos como los de celadores, nombrando a Pedro Martín Paga y Salustiano Gómez; ceduleros a Jesús Rodríguez y Ángel Carrillo; cobradores a Timoteo Hernández, Pío Quevedo y Vicente Dueñas; claveros a Fernando Parra y Juan Torrijos; y hermanos de caridad a Evaristo Alía, Atanasio Benegas, Rosendo Álvarez y Antonio de la Llave.

Fueron todos reelegidos nuevamente en los siguientes años hasta 1890 en que falleció el tesorero de la Hermandad D. Ángel Montero y Quintana, que fue sustituido por su hermano D. Cirilo Montero y Quintana.

Cinco años después se acordó celebrar las Juntas Generales el Domingo de Ramos de cada año en los corredores del Hospital de la Santísima Trinidad y Consolación.

D. Antonio del Pozo, alcalde de Torrijos en 1897, autorizó a la Hermandad a tener su estandarte, que se realizó tomando el dibujo del Santo Sepulcro en el centro del mismo como su insignia.

En la Junta General de 1901, se acuerda rebajar la cuota mensual de dos reales a un real; aumentar la dotación a las familias de los hermanos enfermos, aceptar la entrada del hijo de un hermano fallecido y jugar una participación en la Lotería Nacional.

En 1908 se restaura el arca antigua del Santo Sepulcro.

En 1911, bajo la presidencia de D. Antonio Torrijos, se modificaron sustancialmente los estatutos en aras de mejorar las ayudas caritativas de la hermandad.

En 1915, se cambia el lugar de la Junta General de la hermandad, pasando de los pasillos del Hospital de la Santísima Trinidad al domicilio del presidente. Las Juntas Generales siguen celebrándose el Domingo de Ramos.

Con la llegada de la II República cambia el panorama de las hermandades. Y así lo refleja en el Libro de Actas de la Hermandad del Santo Sepulcro su entonces Secretario D. Manuel González:

“En este año vino la República el 14 de abril, y marchó el Rey Alfonso XIII por Cartagena a Francia, y salieron todas las procesiones en la Semana Santa por no estar todavía declarada la República. Hubo elecciones, el día 12 domingo, de concejales”.

En 1932, nos comenta el Secretario D. José Moreira: “... No salió ninguna procesión por estar prohibidas por el gobierno republicano; tan sólo procesionó la imagen del Santísimo Cristo de la Sangre que, a pesar de la prohibición, no pudo ser suspendida ante el fervor popular”.

Testigos participantes en aquella procesión refieren que un individuo presenciaba el paso de la Sagrada Imagen desde la puerta del Bar Palacio, en la Plaza de la Constitución (actual plaza de España), tocado con su gorra. Varios devotos no sólo se la hicieron quitar, sino que tuvo que “poner pies en polvorosa”.

Hay que esperar la finalización de la Guerra Civil para que se reorganice la Hermandad del santo Sepulcro.

En 1950 se procede a la restauración del paso procesional mediante aportaciones de los hermanos.

En la procesión del Viernes Santo de 1951 se producen graves incidentes entre el Cura Párroco don Alejandro Corral Olariaga y la Directiva de la Hermandad del Santo Sepulcro. Hechos imputables al autoritarismo del futuro Canónigo Doctoral.

En 1952 se reconstruye la Capilla del Santo Sepulcro. El costo de las obras asciende a 4.000 pesetas.

En 1959 fallece el Hermano Presidente D. Sotero Carrillo del Campo, sucediéndole en el cargo su nieto D. Sotero Carrillo Morales, continuando como Tesorero, D. Dionisio Longobardo Carrillo; como Secretario, D. Crisanto-Francisco Moreira Vázquez, y como Avisador, D. Leoncio Martín Carrillo.

En 1962 se traslada la sede de Juntas al Hotel Ideal, propiedad del Hermano Avisador. Allí se celebrarán durante 30 años todos los Domingos de Ramos.

En 1972, a propuesta del nuevo Tesorero, D. Valentín Ciruelos Álvarez, se aprueba la construcción de una nueva carroza para el Santo Sepulcro y la adopción de la imagen de Nuestra Señora de las Angustias. En esta Junta General del 12 de octubre, la cofradía cambiará su primitiva denominación por a actual de “Cofradía del Santo Sepulcro y de Nuestra Señora de las Angustias”

En 1986 se restaura la imagen del Cristo Yaciente y se acuerda la admisión de mujeres en la Hermandad. Para ello, se realizó una votación entre los hermanos con el resultado de 55 a favor y 1 nulo.

Este hecho produjo un notable aumento de inscripciones en la Hermandad, hasta llegar en 1990 a los 239 hermanos.

En 1992 se aprueba el uso de capa e insignias distintivas con las imágenes del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de las Angustias por 96 votos afirmativos frente a 14 votos negativos y 1 voto nulo. D. Sotero Carrillo Morales cesa en su cargo por motivos de salud, siendo nombrado Presidente don Ángel-Luis Almoguera Carrillo, primo hermano de D. Sotero y actual Presidente de la Hermandad. Se acuerda nombrar Presidente de Honor al Sr. Carrillo Morales y se nombra nueva Junta Directiva.

En 1997 fallece el Presidente de Honor D. Sotero Carrillo Morales, tras haber presidido la Hermandad durante 35 años consecutivos.

El 4 de Abril de 2004, la Junta General acuerda la celebración de los Actos Conmemorativos del 125 aniversario de la fundación de la Hermandad para el siguiente año.

Año 2005. Celebración de los Actos Conmemorativos del 125 Aniversario de la fundación de la Hermandad. El 30 de Enero se celebró el 125º Aniversario de la fundación de esta Hermandad con una procesión de las imágenes de Ntra. Sra. de las Angustias y el Santo Sepulcro desde su sede en la capilla del Stmo. Cristo de la Sangre hasta la parroquia del Santísimo Sacramento donde, después de celebrar una misa de acción de gracias, fueron nuevamente trasladadas hasta la capilla.

martes, 30 de marzo de 2010

HERMANDAD DE MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES


Vamos a salirnos del orden cronológico establecido para la descripción de las cofradías y hermandades que salen a la calles de Torrijos en la Semana Santa para descubrir la nueva Hermandad de María Santísima de los Dolores.

Hoy, Martes Santo, queríamos hacerles mención ya que será la primera vez que la ya hermandad procesiona con la Virgen por Torrijos, pues el pasado 22 de julio de 2009 fue reconocida como tal por el Arzobispo de Toledo.

Aunque no tenemos noticias de que llegara a fundarse como hermandad, tenemos noticias de la devoción hacia Ntra. Sra. de los Siete Dolores desde 1716, imagen que se encontraba a los pies de la Santa Cruz, en su retablo de la Capilla de la Virgen del Rosario de la antigua parroquia de San Gil.

Con el traslado de las imágenes y objetos sagrados desde la parroquia de San Gil hasta la iglesia del Santísimo Sacramento permaneció en un lateral de la capilla de San Gil hasta su definitiva situación de la capilla de la Concepción de la misma iglesia.

En tiempos del Beato Liberio se impulsó la solemnidad de su fiesta, el Viernes previo a la Semana Santa, Viernes de Dolores, anticipo de las grandes celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Pero gracias a la devoción y entusiasmo de un grupo de jóvenes de esta Parroquia surgió la idea de sacar en procesión el Martes Santo la imagen de la Virgen de los Dolores para honrarla.

Fue el año 2004 cuando la imagen vuelve a recorrer las calles de la Villa de Torrijos a los hombros de jóvenes, rezando los Siete Dolores y cantando la Salve en la Casa de los Esclavos de María y de los Pobres.

Año tras año se ha conseguido solemnizar esta celebración, añadiendo actos en honor de la Virgen: en el 2005 se celebró por primera vez el Triduo a la Virgen en los días previos al Viernes de Dolores, y estrenó saya y manto nuevos. Además, como el trono se sacaba a hombros, se formó un grupo de anderos más o menos grande, que fue aumentando cada año hasta llegar a 54 personas en 2008.

En 2006 se estrenó un estandarte para la procesión y en 2007 la cruz de guía con el lema: “A Jesús por María”, pequeña frase que resume el objetivo principal de esta futura hermandad: querer y seguir a Jesús cada día más, caminando de la mano de su Madre, de nuestra Madre.

En 2008 se ha restaurado de la peana de la Virgen, el paso ha estrenado una campana para que el capataz llame a los anderos, así como el arreglo de la pared y el banco del retablo de su capilla.

El 22 de julio de 2009 fue erigida canónicamente por el Arzobispo Primado de España, aprobándose sus estatutos.

Este año 2010 estrenan trono para la procesión del Martes Santo, donde María Santísima de los Dolores brillará en la noche torrijeña.

domingo, 28 de marzo de 2010

HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SANGRE


Fecha fundacional: 15 de Mayo de 1711.

Es la siguiente hermandad por antigüedad en la Semana Santa torrijeña.

Fueron sus fundadores los vecinos de Torrijos D. Juan Carrillo y D. Isidro Pérez del Moral, siendo su primer capellán el Ldo. D. Juan Pérez del Moral, hermano del anterior. La hermandad se puso bajo la advocación de “Cofradía de Esclavos y Esclavas del Santísimo Cristo de la Sangre”.

Siempre ha tenido su sede en la capilla del Hospital de la Santísima Trinidad y estuvo vinculada, inicialmente, a la “Santa Hermandad y Cofradía de la Preciosa Sangre de Nuestro Maestro y Redentor Jesucristo”.

La imagen titular del Santísimo Cristo de la Sangre, que se veneraba en la Capilla de los Cebreros (en la actualidad de Ntra. Sra. de la Soledad) antes de su ubicación definitiva en el camarín barroco del siglo XVIII, procede de Michoacán (Nueva España-México). Fue donada por el torrijeño Francisco de Cebreros a la citada cofradía con sede en el hospital fundado por doña Teresa Enríquez.

Además de su fiesta principal, el 19 de mayo, la celebración religiosa de mayor relieve era la del Jueves Santo. Todos los hermanos, a toque de campana, tenían la ineludible obligación de asistir a la capilla del Santísimo Cristo para confesar y escuchar una plática preparatoria para la Comunión. Después, con la imagen del Cristo al frente, marchaban todos en procesión hasta la iglesia parroquial de San Gil, donde era oficiada una misa rezada en la que recibían la Sagrada Comunión. “Y acabada, volverán con dicho estandarte y crucifixo al dicho hospital” (Cap. 23º).

Muestra del espíritu de caridad y arrepentimiento propio de estas fiestas penitenciales son las recomendaciones contenidas en el capítulo 24º: “Ytem. ordenamos y mandamos que si algunos de nuestros hermanos estuvieren enemistados, que el Rector y Oficiales tengan cuidado de los hacer amigos, porque no es justo que para este santo día haya alguno que esté en pecado mortal...”.

La solemne procesión conocida como “La Disciplina” tenía lugar por la noche. Al igual que por la mañana, el estandarte y la imagen del Cristo de la Sangre salían en procesión por las calles de Torrijos. Se rogaba encarecidamente a todos los hermanos que, además de ir en la procesión con las correspondientes túnicas blancas y velas encendidas, dieran muestras de dolor, y lo hicieran con el mayor orden posible. Les deberían dar “las doce de la noche en el camino” para que ganaran las indulgencias de esa noche.

Al día siguiente, Viernes Santo, después del sermón de la Soledad de Nuestra Señora, procesionaba la hermandad con las imágenes del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Era la Procesión del Silencio por antonomasia, en la que no se admitían los excesos disciplinarios del día anterior.

miércoles, 24 de marzo de 2010

HERMANDAD DE LA SANTA VERACRUZ Y NTRO. PADRE JESÚS AMARRADO A LA COLUMNA


Fecha Fundacional: 6 de Mayo de 1625

La Semana Santa, tal y como la conocemos hoy, comenzó a moldearse en España desde finales de la Edad Media. Los principales artífices de la organización de las procesiones fueron las cofradías, especialmente las de la Vera Cruz, existentes en multitud de localidades.

Sus raíces deben buscarse en el culto a la Santa Cruz, a partir de su milagroso hallazgo por parte de Santa Elena el 14 de Septiembre del año 320. En España, el leccionario de Silos, hacia el 650, incluye el 3 de Mayo el “dies Crucis”. La reliquia más antigua y de mayores proporciones que se conserva en nuestros días es la del monasterio de Santo Toribio de Liébana. Ésta pudo ser traída de Jerusalén en el año 444 por santo Toribio de Liébana, obispo de Astorga.

La primera cofradía de la Santísima Cruz es la del citado monasterio, fundada conjuntamente por los obispos Juan de León, Raimundo de Palencia, Rodrigo de Oviedo y Marino de Burgos, entre mayo y septiembre de 1181.

En Torrijos, la cofradía de la Santa Cruz se funda el 6 de Mayo de 1625, con sede en la parroquia de San Gil, “estatuimos y ordenamos y tenemos por bien fundar una hermandad de la Santísima Cruz de Ntro. Sr. Jesucristo, y queremos de aquí en adelante llamarnos sus esclavos, y que nuestra hermandad sea y se nombre de los esclavos de la Santísima Cruz, y para su honra y gloria y provecho de nuestras ánimas”.

Dos años después, concretamente el 15 de Mayo de 1627 (Idus Maii) la cofradía de la Santa Cruz recibió la confirmación de su fundación a través de una bula del Papa Urbano VIII, y que aún se conserva en el archivo de la parroquia.

En el año 1688, D. Francisco de Torres, en nombre de los mayordomos y cofrades de la cofradía de la Santa Cruz “que se celebra en la parroquial de San Gil de la Villa de Torrijos” pide al Cardenal Arzobispo de Toledo permiso para celebrar la fiesta “principal que hace dha. cofradía, que es a tres de Mayo para que en dicha festividad esté patente Ntro. Sr. Sacramentado y acudan los fieles con más fervor”.

En 1769, los hermanos de la cofradía de la Santa Veracruz, D. Manuel Alfonso de Alía, prbt., D. Salvador Ortiz de Otañez, prbt., Basilio de Alía, D. José de Espinosa, Andrés Díaz, Francisco López, Nicolás Florido, Gargencio Díaz, Miguel Rojo, D. Pedro López Lázaro Lucas, Manuel Nombela, Santos Bullido, Juan Díaz, María de las Casas, Leandro de Hervás, D. Mario Delgado, Lucas López, Miguel Vallés, Isidro Vallés, Ignacio Molina, Felipe Castellano, Antonio del Olmo, Alfonso de la Paz, José de Parra, José de Alba, Juan Corral, Manuel Serrano, Pedro Rodríguez, Tomás Rodríguez, Manuel López “herrero”, Manuel Fernández Zamora, Julian Vázquez, Manuel del Río, José Palomo, Juan Palomo, Juan López, Pedro Castaño, Bartolomé de la Fuente, y Juan Álvarez, otorgan poder ante Juan Francisco de Molina para presentar las nuevas ordenanzas en el Consejo de la Gobernación de Toledo.

Presentadas en Toledo, el 25 de Febrero de 1769 piden al cura de la parroquia de San Gil que mande su informe para recabar más información. Esto se produce el 2 de Marzo de 1769, en el dice que “no hallo ningún inconveniente siendo del agrado de V.E. en su aprobación”. El Cardenal Luís Fernández de Córdoba, Arzobispo de Toledo, las aprueba en forma ordinaria el 8 de Marzo de 1769.

La cofradía se extingue a raíz de la promulgación de la Real Orden de Carlos III de 17 de Marzo de 1784, por no tener autorización real o administrativa, aunque se siguen tomando cuentas de su patrimonio hasta la promulgación de la Real Orden de 19 de Septiembre de 1798, por la que las cofradías se vieron obligadas a vender sus bienes.

Después de casi 70 años sin dar culto a la Santa Cruz, su imagen titular, la cofradía se refunda el 22 de Abril de 1866. Es por tanto la primera cofradía en ser refundada después de los duros años en que se vieron despojadas de todos sus bienes y rentas.

A partir de esta fecha encontramos un absoluto silencio tanto en documentos como en acontecimientos históricos de esta cofradía, quizás por la desaparición de sus libros antiguos.

La siguiente noticia la encontramos 62 años después, en 1928, en el Almanaque Parroquial elaborado por D. Liberio González, en la que estaba presidida por D. Manuel de la Iglesia, contando con 79 hermanos.

A finales de ese mismo año, concretamente el 18 de Noviembre, se reunió la Junta Directiva formada por el presidente: D. Manuel de la Iglesia, vicepresidente D. Sabas Díaz, secretario: D. Vicente Miranda, tesorero: D. Daniel de la Torre y los vocales D. Román Díaz, D. Domingo Agudo y D. Elías Rivera para redactar unos estatutos que serían los que darían mayor estabilidad en el gobierno y en el régimen interno de los hermanos.

Partían de la base de que todos los que formaban parte de la Hermandad eran Católicos y hermanos, prestándose su auxilio en los momentos que se necesitaran, bien en ayuda material, económica o moral.

Los estatutos, después de ser aprobados por la mayoría de sus 85 hermanos, fueron enviados al Arzobispado de Toledo para su aprobación, que se produjo el 23 de Abril de 1929. Días después, el 19 de Mayo, se da el visto bueno a los estatutos por el Gobernador Civil de la provincia, según lo dispuesto en la Ley de 30 de Junio de 1887.

Los hermanos de esta hermandad vistieron, por primera vez, sus túnicas blancas, el Jueves Santo de 1946, siendo presidente don Alfredo Carrasco y secretario, don Melanio Rivera Sánchez (“tío Melano”).

La carroza procesional se estrenó en 1971, siendo presidente don Antonio Carrasco.

El Jueves Santo de 1988, la hermandad estrena la actual indumentaria, siendo presidente don Ángel Barrio.

En 1989, esta hermandad impulsó el diseño de los primeros carteles anunciadores de la Semana Santa de Torrijos.

El Miércoles Santo de los años 1989, 1990 y 1991, esta hermandad tuvo a su cargo la procesión en el barrio de “Las Colonias”, del Santo Cristo de Jesús de Medinaceli.

El 1 de mayo de 1993 se restaura la festividad de “La Cruz de Mayo”, con su correspondiente procesión presidida por el paso de la Santa Vera Cruz. Esta procesión no se celebraba desde el año 1936.

En 1997, se restaura la antigua imagen barroca, de finales del siglo XVII, de Jesús Amarrado a la Columna (“El Amarrao”), que viene a sustituir a la anterior de cartón y escayola muy deteriorada. Se da la curiosa circunstancia de que a la actual talla le fueron “incorporadas” unas manos algo desproporcionadas.

Han presidido esta hermandad: D. Alfredo Carrasco, D. Antonio Carrasco, D. Inocencio Frías, D. Antonio González Gómez, D. Julián Barajas. Desde 1989, la preside D. Ángel Barrio.